Hay un desgaste que no se ve. Mujeres que sostienen la casa, el trabajo, la maternidad y, muchas veces, también a su comunidad, rara vez encuentran un espacio para sí mismas. En territorios expuestos del norte —donde a la carga cotidiana se suman la distancia, la faena y la incertidumbre económica— ese desgaste emocional se vuelve un costo silencioso para las personas y para el tejido social que habitan.
Sobre ese punto ciego trabaja Dreamcare, un programa de bienestar emocional para mujeres. Su formato es deliberadamente simple: ocho conversatorios guiados, en grupos, una vez por semana, en espacios seguros de conversación y contención. No es terapia ni un servicio clínico; es acompañamiento entre pares, orientado a reducir el estrés, fortalecer la autoestima, reconectar a cada participante consigo misma y tejer redes de apoyo. Su mensaje cabe en una frase: no estás sola.
Detrás del modelo hay una convicción que la iniciativa hace explícita: el estrés crónico no es solo un estado de ánimo. Dreamcare enmarca su trabajo apoyándose en la investigación sobre los telómeros —las estructuras protectoras del ADN— de la Premio Nobel de Medicina Elizabeth Blackburn, como fundamento de por qué cuidar el bienestar emocional de una comunidad importa. Es el argumento conceptual que la iniciativa invoca para sostener que acompañar a las mujeres no es un lujo, sino una inversión en el tejido humano de un territorio.
El método no se agota en lo individual. Cada grupo se vuelve una red de apoyo entre mujeres que cargan con lo mismo: en un mismo espacio, quienes cuidan a otros encuentran por fin quién las escuche a ellas. Sostenerse mutuamente, descubren, también es parte del cuidado: mujeres que cuidan y aprenden a cuidarse.
Ahí aparece el puente con lo público. Mientras la Mesa Regional de Mujeres Cuidadoras instala el reconocimiento institucional del trabajo de cuidados en la agenda de Arica y Parinacota, iniciativas como esta muestran una ruta operativa complementaria desde el sector privado: el Estado nombra y prioriza; programas como Dreamcare bajan al territorio y acompañan. Dos frentes, un mismo objetivo: que quienes cuidan no queden solas.
“Cuidar a las que cuidan es fundamental para contribuir a una mejor calidad de vida en mujeres bajo entornos de alta exigencia. No solo para que las cuidadoras vivan más y mejor, sino también para que cuiden mejor y se cuiden a sí mismas.”— Claudia Guerra Ávila, fundadora de Dreamcare